jueves, 8 de enero de 2015

Id

Es una noche fría y levemente iluminada. El sol hace horas que se puso, y del cielo ahora se cuelga una blanca luna, que asoma por los pocos recovecos que el cúmulo de nubes nocturnas le deja. En la habitación solo hay una pequeña lámpara de escritorio, acompañada por la inhóspita luz blanca de un monitor en pobres condiciones. Delante de ese mismo monitor me encuentro ahora mismo. Mis ojos pegados a la pantalla, y mis manos danzando sobre el teclado, plasmando en pantalla todo lo que pienso, o quiero pensar. Una música suave y ceniza flota por el ambiente, del tipo que siempre me ha gustado e inspirado. Pero hoy no necesito inspiración. No es mi cabeza la que escribe ahora mismo, no es mi imaginación, ni mi inventiva. Hoy escribo con el miedo por delante.

Escribir. Escribir es lo único que realmente ha sido capaz de liberarme, aunque solo fuera durante unos minutos, unas pocas horas, o una noche. Letra tras letra, palabra tras palabra, multitud de párrafos han salido de mis dedos, menos de los que quisiera tengo que admitir, pero los suficientes como para sentirme orgulloso. Son varias las dotes artísticas que he intentado comenzar y apropiar, como la pintura, el dibujo, la música, el canto, todos puros fracasos, como el triste intento de tapar el agujero de un alma rota dejada por el auténtico amor con falsas expectativas y personas que no merecen, ni nunca merecieron la pena. Da igual qué intentara, nada me hacía sentir tan bien como ver a las palabras nacer de mis propias manos. Una, dos, tres, cientos y miles, muchas de ellas con sentido, muchas otras de ellas sin él. Palabras de un adolescente caprichoso, de un poeta frustrado, de una imaginación que no cesa, de un adulto que nunca se atrevió a poner los pies en el suelo por miedo a quedarse pegado y no poder volver a volar. Hay tantas, tantas cosas que me nunca me he atrevido a decir, y que han quedado mezcladas, ocultas en mis párrafos. Alegorías de mi propia vida, de mis pensamientos, de personas que me importan, de amores que solo eran caprichos, y de caprichos que no me atreví a ver que era amor, de mis preocupaciones, alegrías, experiencias, todo. Todo quedaba poco a poco tejido con pequeñas letras que se forjaban en un monitor, poquito a poco. Un montón de "pocos" que han forjado otro montón de "muchos". Y sobre todo, era un refugio. Mi refugio contra las inclemencias de todo tipo que pudieran acecharme, y es ahora cuando lo necesito. Realmente lo necesito.

Desconozco realmente quién leerá esto. A esta red tienen acceso unas cuantas personas que me importan, y otras a las que me temo que realmente ni he llegado a conocer, pero no me importa. Seguramente sean pocos los que han tenido paciencia para soportarme (dentro y fuera de la pantalla), pero aún así siempre me ha gustado hacer esto. Hacer lo que de verdad me gusta, escribir, y cuando está terminado, cuando realmente me hace sentir bien, compartirlo con quien tenga cinco o diez minutos que prestarme. Han sido multitud de veces las que lo he hecho, y siempre me ha gustado hacerlo, por lo que seguramente esta no sea una excepción. Aunque debo reconocer que lo que llevo escrito por ahora es bastante diferente a lo usual, pareciera más la hoja de un diario que uno de mis escritos en los que la ida de pinza es la orden de día. Pero no por ello tiene menos parte de mí. No hace falta que lo diga, pues todo lo que he creado lleva mi propia esencia, o toque especial, no sé como denominarlo. Incluso cuando leo mis propios escritos de hace años, me entra la risa, y me lleno de una nostalgia que ahí se queda para el resto de la semana. Y cuando menos lo esperas, llega de nuevo. Ese cosquilleo en los dedos, esas ganas de que llegue la noche, donde te encaras con una hoja en blanco, y esa línea parpadeando al inicio del primer párrafo, como si dijera "Hazlo. Lo estás deseando.", y tal como harían dos jóvenes que se descubren el uno al otro dentro de las sábanas, pasaban las horas, y uno, y otro, y otro párrafo. El reloj podría marcar tranquilamente las cuatro de la mañana, que me negaba a detenerme hasta que no estuviera completamente satisfecho, hasta que mi mayor placer en esta vida no me colmase por completo. Y una vez terminado, cumplido, y con la sonrisa en la cara, caer rendido de sueño.

Pero, tristemente, hacía mucho que no me sentía así. La apatía me derrocaba por completo, y tener la mente atada exclusivamente a los problemas diarios agotaba por completo mi inventiva, y el no poder escribir me hacía que el leer, otro de los placeres de los que nunca me había privado antes, fuera imposible de disfrutar. Los meses pasaron, y el tiempo me cobró la factura. Desde una horrible dificultad en usar mi comprensión lectiva, hasta hacerme frustrante tomar apuntes en clase por todos los errores cometidos día a día. He pasado tiempo así, tiempo en el que no puedo decir que no haya podido vivir, o haya sido horrible, no. He tenido más vivencias que este problema, por supuesto, pero ese hecho de no poder hacer lo que te gusta, de no ponerle la guinda a esas noches en vela, hace que el alma se oxide poco a poco, hace que te sientas automatizado, sin voluntad, fuera de tu propio ser. Y esa sensación no es buena. Es incómoda, y te hace pedazos las ganas de seguir adelante.

Pero alto, alto, no es todo abatimiento y derrota, por dios, no. Ahora que he despegado la cara de los folios un rato he encontrado una pequeña, minúscula, e igual que cualquier otra hora que puede haber en el día en el que he decido abrir un nuevo documento. Cuando he querido darme cuenta, ahí estaba la hoja en blanco, con esa línea parpadeante. "Vamos, vamos, vamos.". Y, bueno, uno es de carne débil, y al igual que otro que viera a una Scarlett Johansson o a un Johnny Depp de turno acostados en su lecho, pues no me he podido resistir, la verdad sea dicha. Pero era lo primero escrito después de una terrible temporada de sequía, así que sí, tenía que ser algo distinto. Un inicio, un pistoletazo de salida. Porque sí, si alguien creía lo contrario, esto no ha hecho más que empezar. Y me encanta.

Ahora será mejor que cierre antes de que me resbale con todos estos sentimentalismos. Como le diría a una de las personas que mas quiero en este mundo...."...UGH."