Me he preocupado demasiado por los demás. Por personas que ni siquiera se merecían
ni la mínima de mis atenciones. Estar pendiente de los que quieres no es ningún
problema, ni debería serlo, pero hacerlo en exceso conlleva a la raíz
principal, y es la despreocupación por uno mismo. Es como el soldado que se
tumba sobre la granada para que no reviente al resto del pelotón. El soldado
muere, el pelotón se salva, y todos vuelven a casa, solo que uno lo hace en una
caja de pino, si es que ha quedado algo, claro. Dudo que el resto del pelotón
se acuerde de ese soldado cuando regresen a follarse a sus mujeres. Solo cuando
estén ebrios, seguramente. La despreocupación de mí mismo ha llevado a otro de
los problemas que realmente me desfiguran cualquier ilusión, y es que al
destrozarme yo mismo, he preocupado a los que realmente me querían. Mi
desgracia ha degradado su felicidad, su día a día, y sus noches. Y es una de
las cosas que realmente lamento haber hecho.
Otras cosas, como no centrarme en mis responsabilidades, tareas, recurrir siempre a
la salida fácil, la distracción, y mi falta de insistencia, han creado una
coalición completa que se refleja en una ausencia completa de autoestima y
confianza en mí mismo. Dentro de mi cabeza solo auguro fracaso, continuamente,
ya que constantemente no hago más que convencerme de que no merezco la pena,
que soy incapaz de enfrentarme a cualquier cosa que se me cruce. Me ha hecho
tener miedo a lo desconocido, a lo nuevo, e incluso a vivir.
La inseguridad y el desconcierto guían mis días, días vacíos, solo un pasar el
tiempo sin pensar, sin sentir, solo lamentándome de ello por la noche, y a la
mañana, todo olvidado, hasta que cae la noche. Debido a que no sé cuánto tiempo
podría aguantar así, ni pienso comprobarlo, hoy debo, y quiero, tomar una
decisión. No será fácil hacer algo así, pero lo único que deseo es detener la
vorágine de sinsentido y miseria.
Es intrínseco del ser humano experimentar placer con la desgracia de otros. Hay
pocas personas que son capaces de tener la suficiente consciencia como para
rechazar esto, personas entre las que no me encuentro. Me he desprestigiado, me
he perdido el respeto, me he ignorado y rechazado, me he humillado en
incontables ocasiones. Me he hecho sentir completamente desgraciado, y quizás,
de todo ello haya sido capaz de sentir placer. ¿Cómo es esto posible? Es
relativamente fácil, de alguna manera, pues ¿no es placentero hacer sufrir a
aquel que uno odia? Quizás esta sea la raíz de todo, arraigada completamente
hasta lo más profundo de mi ser, pero nunca he odiado a nadie, ni he tenido
tantos motivos para hacerlo, como para odiarme a mí mismo. Y por constante
castigo, he llegado a sentir que realmente lo merezco. Todo lo malo que me
suceda, lo justifico con mi inferioridad, con mi debilidad, y como si fuera
culpable de todo. Estoy inmerso en una situación en la que es imposible vivir
sin autodestruirme. La continua erosión me hará sucumbir el día menos pensado,
y entonces será demasiado tarde para hacer algo. No dejaré que ese día llegue.
Y por eso debo hacer lo que voy a hacer.
Voy a matar a **** ******* ****** ******.
Cogeré todo lo que soy ahora mismo, absolutamente todo. Todo lo bueno. Todo lo malo. Y
me destruiré, pieza a pieza. Llegaré hasta el núcleo de mi propia existencia, y
cuando todos los elementos hayan quedado reducidos a un nivel básico, volveré a
reconstruirme. Tomaré todas las piezas que necesito, todo lo que valoro, y con
ellas, moldearé lo que quiero ser, y todo lo que deje atrás quedará reducido a
cenizas. Me daré a mismo la oportunidad de volver a sentirme un ser humano,
capaz, dispuesto, con voluntad propia, con capacidad de criterio, libre de la
prisión del miedo en la que me encuentro encerrado. Aún así, independientemente
de la buena voluntad de la que pueda contar, no será lento, no será bonito, y
no será indoloro, pero será necesario. Lo único que deseo es poder mirarme a mí
mismo, y ver a una persona, con su felicidad y su tristeza, inquietudes,
deseos, pero no la carcasa vacía en la que me he convertido. Quiero ser capaz
de ello, e incapaz de volver al estado inicial, sin vuelta atrás. Que todo el
cúmulo de malos sentimientos que inundan mi interior pasen a ser algo del
pasado, y que el ser creado y recién nacido sea lo suficientemente fuerte como
para no sucumbir a la adversidad, que sea capaz de defender lo que realmente
ama, y sea capaz de hacer feliz a aquellos a los que quiere.
Por un presente que afiance los cimientos de mi único deseo.
Por un futuro cuyo límite solo sean las estrellas, y no uno mismo.