domingo, 27 de septiembre de 2015

Pasado, presente, futuro.

Desde el día en el que comencé el Grado de ********, hará ya unos cinco años, no he hecho más que cometer errores. Errores que me han guiado hasta la situación en la que estoy enterrado ahora mismo. Haciendo repaso de todo el camino que he recorrido, finalizando donde me encuentro, podría señalar infinidad de pequeñas equivocaciones, que han acabado convirtiéndose en horribles decisiones, pero deseo centrarme en los grandes problemas, las gruesas ramas que sostienen esa multitud de pequeñas hojas.

Me he preocupado demasiado por los demás. Por personas que ni siquiera se merecían ni la mínima de mis atenciones. Estar pendiente de los que quieres no es ningún problema, ni debería serlo, pero hacerlo en exceso conlleva a la raíz principal, y es la despreocupación por uno mismo. Es como el soldado que se tumba sobre la granada para que no reviente al resto del pelotón. El soldado muere, el pelotón se salva, y todos vuelven a casa, solo que uno lo hace en una caja de pino, si es que ha quedado algo, claro. Dudo que el resto del pelotón se acuerde de ese soldado cuando regresen a follarse a sus mujeres. Solo cuando estén ebrios, seguramente. La despreocupación de mí mismo ha llevado a otro de los problemas que realmente me desfiguran cualquier ilusión, y es que al destrozarme yo mismo, he preocupado a los que realmente me querían. Mi desgracia ha degradado su felicidad, su día a día, y sus noches. Y es una de las cosas que realmente lamento haber hecho.

Otras cosas, como no centrarme en mis responsabilidades, tareas, recurrir siempre a la salida fácil, la distracción, y mi falta de insistencia, han creado una coalición completa que se refleja en una ausencia completa de autoestima y confianza en mí mismo. Dentro de mi cabeza solo auguro fracaso, continuamente, ya que constantemente no hago más que convencerme de que no merezco la pena, que soy incapaz de enfrentarme a cualquier cosa que se me cruce. Me ha hecho tener miedo a lo desconocido, a lo nuevo, e incluso a vivir.

La inseguridad y el desconcierto guían mis días, días vacíos, solo un pasar el tiempo sin pensar, sin sentir, solo lamentándome de ello por la noche, y a la mañana, todo olvidado, hasta que cae la noche. Debido a que no sé cuánto tiempo podría aguantar así, ni pienso comprobarlo, hoy debo, y quiero, tomar una decisión. No será fácil hacer algo así, pero lo único que deseo es detener la vorágine de sinsentido y miseria.

Es intrínseco del ser humano experimentar placer con la desgracia de otros. Hay pocas personas que son capaces de tener la suficiente consciencia como para rechazar esto, personas entre las que no me encuentro. Me he desprestigiado, me he perdido el respeto, me he ignorado y rechazado, me he humillado en incontables ocasiones. Me he hecho sentir completamente desgraciado, y quizás, de todo ello haya sido capaz de sentir placer. ¿Cómo es esto posible? Es relativamente fácil, de alguna manera, pues ¿no es placentero hacer sufrir a aquel que uno odia? Quizás esta sea la raíz de todo, arraigada completamente hasta lo más profundo de mi ser, pero nunca he odiado a nadie, ni he tenido tantos motivos para hacerlo, como para odiarme a mí mismo. Y por constante castigo, he llegado a sentir que realmente lo merezco. Todo lo malo que me suceda, lo justifico con mi inferioridad, con mi debilidad, y como si fuera culpable de todo. Estoy inmerso en una situación en la que es imposible vivir sin autodestruirme. La continua erosión me hará sucumbir el día menos pensado, y entonces será demasiado tarde para hacer algo. No dejaré que ese día llegue. Y por eso debo hacer lo que voy a hacer.

Voy a matar a **** ******* ****** ******.

Cogeré todo lo que soy ahora mismo, absolutamente todo. Todo lo bueno. Todo lo malo. Y me destruiré, pieza a pieza. Llegaré hasta el núcleo de mi propia existencia, y cuando todos los elementos hayan quedado reducidos a un nivel básico, volveré a reconstruirme. Tomaré todas las piezas que necesito, todo lo que valoro, y con ellas, moldearé lo que quiero ser, y todo lo que deje atrás quedará reducido a cenizas. Me daré a mismo la oportunidad de volver a sentirme un ser humano, capaz, dispuesto, con voluntad propia, con capacidad de criterio, libre de la prisión del miedo en la que me encuentro encerrado. Aún así, independientemente de la buena voluntad de la que pueda contar, no será lento, no será bonito, y no será indoloro, pero será necesario. Lo único que deseo es poder mirarme a mí mismo, y ver a una persona, con su felicidad y su tristeza, inquietudes, deseos, pero no la carcasa vacía en la que me he convertido. Quiero ser capaz de ello, e incapaz de volver al estado inicial, sin vuelta atrás. Que todo el cúmulo de malos sentimientos que inundan mi interior pasen a ser algo del pasado, y que el ser creado y recién nacido sea lo suficientemente fuerte como para no sucumbir a la adversidad, que sea capaz de defender lo que realmente ama, y sea capaz de hacer feliz a aquellos a los que quiere.

Por un presente que afiance los cimientos de mi único deseo.

Por un futuro cuyo límite solo sean las estrellas, y no uno mismo.