Esto es una prueba.
Si estás viendo esto ahora mismo, cierra la pestaña de tu navegador, arranca el ordenador de cuajo, y tíralo por la ventana.
Después, siéntete culpable. Cuajo no tenía culpa de que fueras tan anormal como para lanzar su ordenador a la calle. ¡Maldita desgracia!
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